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17 septiembre, 2011

La criminalística, una ciencia mal entendida.




No han sido pocas las ocasiones en que revisando libros y manuales de criminalística, he encontrado una pequeña introducción, generalmente histórica, respecto del desarrollo de las ciencias criminales, y luego, empieza el texto a invadirse con una serie de técnicas y operaciones criminalísticas que, sin lugar a dudas, son de suma importancia, pero que no encarnan en ningún caso el sustrato fáctico que motiva el trabajo del investigador criminalístico.

Estos libros, generalmente, presentan técnicas de fotografía, huellografía, nociones de medicina legal, química forense, etc., pero nunca nos ilustran respecto del real proceso investigativo, del cómo se establece la concurrencia de un delito y se identifica a sus delincuentes.

Y es que de manera muy temprana, y de forma evidente, si aplicamos una perspectiva histórica, se ha desviado el verdadero sentido de la ciencia criminalística, ya que se han concentrado esfuerzos académicos e intelectuales en explicar las técnicas accesorias de la criminalística, pero rara vez se explica su método. Obras como las del célebre criminalista francés Edmon Locard, o la del connotado médico criminalista chileno Luis Sandoval Smart son un claro ejemplo de lo antes señalado. Ilustran de manera sistemática y ordenada las técnicas criminalísticas, nos muestran, pelos, sangre, huellas, pero no explican lo fundamental: cómo se investiga un crimen.

Pero no queremos parecer injustos, es necesario hacer presente, que esta deformación en el entendimiento de la ciencia criminalística puede explicarse a raíz del pretérito alejamiento de las técnicas científicas o el nulo conocimiento de aquellas por parte de los policías en épocas pasadas, dicha situación, la creemos superada, toda vez que las nociones básicas de resguardo de evidencias en la escena del crimen y otras materias similares, se encuentran (a través del cine, series de televisión, literatura, etc.) ya instaladas en el “inconsciente colectivo”.   

Ahora bien, ¿qué pasa hoy?, ¿entendemos que la criminalística es una ciencia?

La tendencia general nos llevaría a responder con un sí, sin embargo, si en el esclarecimiento de un caso no se ocupa una huella, ni tampoco fibras microscópicas o cabellos,  o ninguna de esas aquellas evidencias fantásticas o milagrosas que se han puesto de moda gracias a series televisivas como CSI, la respuesta parece desvirtuarse. 

¿Qué pasa si se resuelve un crimen, con la declaración de dos testigos objetivos, contestes en sus dichos, el reconocimiento fotográfico de uno de éstos y la declaración del imputado confesando los hechos?, ¿tiene validez dicha investigación? ¿se aplicó la ciencia criminalística en la resolución del caso?

La respuesta no podría ser más que un rotundo sí.

Y es que en el ejemplo precedente, lo que primó en la investigación fue la utilización del método criminalístico, y  de técnicas científicas para el tratamiento de los testigos y del imputado.

Pero ¿por qué cuesta creer que esto es ciencia, que es criminalística pura? Bueno, la respuesta puede ser que entendemos mal el concepto de ciencia y creemos que ella sólo se trata de ciertos estereotipos populares.

Uno de esos estereotipos, es que los científicos ocupan siempre bata blanca y trabajan en laboratorios. Se percibe a los científicos como personas que trabajan haciendo experimentos en equipos complicados, con propósitos fantásticos de trascendencia mundial. Es así, que se puede dar crédito de científico respetable a cualquier persona que trabaje en un laboratorio, aunque este sujeto sea poco imaginativo o sólo acumule datos en forma rutinaria.

El segundo estereotipo de los científicos consiste en que son individuos brillantes que piensan, elaboran teorías complejas y pasan el tiempo encerrados, alejados del mundo, concentrándose en sus problemas y teorías elevadas. Así le damos crédito, nuevamente, a este tipo de científico y alabamos su trabajo, aunque a veces carezca de sentido práctico.

El tercer estereotipo equipara erróneamente a la ciencia, con la ingeniería y la tecnología: la construcción de puentes, automóviles o misiles. El trabajo del científico, según este estereotipo, es sólo optimizar inventos y artefactos.

Todas estas nociones del científico, limitan al investigador criminal y lo alejan de la concepción científica que tiene en su esencia la criminalística.

Por lo anterior, es que debemos comprender en todo momento, que la investigación criminal es per se, en la génesis del concepto, investigación científica; aunque los detectives no anden con bata blanca, ni estén todo el día mirando un microscopio.

Entonces, ¿cómo debemos entender la ciencia para concluir que la criminalística es una disciplina científica?

Hay dos amplias visiones de la ciencia: la estática y la dinámica. La estática es aquella que parece influir en la mayoría de la gente, y consiste en que la ciencia es una actividad que aporta información al mundo.

Por otro lado, la visión dinámica de la ciencia, la considera fundamentalmente una “actividad”. El estado actual del conocimiento es importante, pero lo es, en tanto constituye la base para futuras teorías e investigaciones científicas. A esto se le llama visión heurística de la ciencia. La palabra heurística significa “que sirve para descubrir o revelar”.

¿Es la criminalística una ciencia heurística?

¿Es la investigación criminal una manera objetiva, sistemática y metódica de descubrir o revelar un crimen?

La respuesta parece evidente…





*Texto inspirado en el libro Investigación del comportamiento. Métodos de investigación en ciencias sociales. Fred N. Kerlinger y Howard B. Lee. Ed. McGraw-Hill. 4ta. Ed. Santiago.



05 septiembre, 2011

Los cuatro métodos del conocimiento… ¿Con cuál de ellos se queda la criminalística?

Revisando el interesante trabajo desarrollado por los profesores N. Kerlinger y Howard B. Lee, en su obra “Investigación del Comportamiento, métodos de investigación en ciencias sociales”, encontramos que en su capítulo inicial, los investigadores ilustran los famosos cuatro métodos del conocimiento humano.

En este punto, lo autores  señalan que existen cuatro formas de conocer o de establecer creencias. Nos parece interesante compartir en nuestro blog la visión de estos estudiosos, pues bien, por elementales que parezcan, a veces la rutina investigativa del crimen, el estrés por resolver un delito, la presión pública, o las obstinaciones personales, pueden jugar una mala pasada al detective o investigador criminalista. Por lo anterior, es que compartimos con ustedes, la definición de los cuatro métodos antes referidos.

El primero, es el método de la tenacidad, al decir de los autores, bajo este paradigma de conocimiento, la gente tiende a sostener firmemente la verdad, la cual se asume como cierta debido a su apego a ella y a que siempre la han considerado como verdadera y real. La frecuente repetición de tales “verdades” parece aumentar su validez. A menudo la gente se aferra a sus creencias aun frente a hechos que claramente están en conflicto con ellas. Además, infieren “nuevo” conocimiento a partir de proposiciones que pueden ser falsas.

El segundo corresponde al método de la autoridad, de modo sencillo el texto lo señala a modo de ejemplo: “Si un notable físico dice que hay un Dios, lo hay”. “Si la Biblia lo dice, así es”. En resumen, si una idea cuenta con el peso de la tradición y la sanción pública  para apoyarla, entonces es así.

El método de la intuición o a priori, esta forma de conocer basa su superioridad en el supuesto de que las proposiciones aceptadas por el “a priorista” son por sí mismas evidentes. La idea parece ser que la gente a través de la comunicación y trato libres puede alcanzar la verdad porque sus inclinaciones naturales tienden hacia ellas. La dificultad de esta postura es que la expresión “concuerda con la razón”, no esclarece la “razón” de quien. ¿Quién está en lo correcto? Si algo es patente para muchas personas ¿significa que en realidad lo sea?

El cuarto método es el de la ciencia, de modo ejemplar, la obra cita textual a Charles Sanders Peirce quien indica:

“Para satisfacer nuestras dudas…, por lo tanto, es necesario encontrar un método por el que nuestras creencias se determinen no a partir de algo humano, sino por algo con permanencia externa, por algo que nuestro pensamiento no pudiera afectar… El método debe ser tal que la conclusión última de todo hombre fuera a misma. Éste es e método de la ciencia. Su hipótesis fundamental es: hay cosas reales cuyas características son totalmente independientes de nuestra opinión acerca de ellas…”

La ciencia en su método, incorpora autocorrección, objetividad y sobre todo, un persistente anclaje a la realidad, de más está agregar que la criminalística, en su carácter de ciencia auxiliar del derecho penal, no debe olvidar jamás su génesis científica, su apego a la estricta realidad, a su desafección a lo no comprobable, a lo metafísico y a las creencias populares, lo que sin lugar a dudas, nos llevara a optar siempre por la rigurosidad fáctica que nos ofrece el conocer un crimen a través del siempre meridiano prisma de la ciencia.   

24 agosto, 2011

¿Por qué la criminalística es una ciencia?



Existe consenso entre la comunidad de estudiosos de la criminalística, en afirmar que ésta es una ciencia auxiliar del derecho penal, cuyo objetivo es la verificación científica del delito, de sus autores y sus víctimas.

La definición antes señalada, nos debe llevar a preguntarnos por qué aseveramos con tanta seguridad que la criminalística es una “ciencia”.


Si la criminalística no fuera una ciencia, nos encontraríamos entonces con que ésta operaría desde el sentido común, pero, ¿es eso correcto?.

En el siguiente texto, trataremos de dar las razones básicas por las que los investigadores criminalísticos deben operar SIEMPRE desde una perspectiva científica y NUNCA desde el sentido común.

1.- En primer lugar, el investigador de un delito, para lograr su esclarecimiento, debe constituir hipótesis y teorías respecto del caso, las que en todo momento deben configurarse de manera sistemática, evaluando su consistencia, sometiendo siempre alguno de sus aspectos a una prueba empírica.

Desde el sentido común, el investigador ocuparía teorías y conceptos, sólo de forma vaga, aceptando a menudo, explicaciones fantásticas de los fenómenos humanos y naturales.

2.- Seguidamente, tenemos que el operar científico, permite a los investigadores, probar sus teorías respecto del caso, de forma sistemática y empírica y no como lo haría ocupando sólo el sentido común, es decir, seleccionando evidencias sólo desde su conveniencia o armonía con las hipótesis.

3.- La ciencia permite a la investigación del delito, controlar las posibles “causas” extrañas que expliquen la comisión del delito; el sentido común en cambio, no controla, no revisa sus explicaciones y sobre todo, no controla las fuentes extrañas de influencia que pueden llevar a equívocos teóricos.

4.- La criminalística es una ciencia porque relaciona los fenómenos de manera sistemática, consciente y ordenada. Si la criminalística se tiñera sólo un poco de sentido común, esas relaciones podrían emerger desde ideas relajadas y sin control reflexivo.

5.- Una de las más importantes causas a la hora de entender por qué la criminalística no opera desde el sentido común, sino que desde la ciencia, es el hecho que la investigación científica no permite explicaciones metafísicas de los hechos, es decir, sólo acepta fenómenos, relaciones y causas observables y probables.