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26 mayo, 2013

¿Qué es un control de identidad?

Muchas personas se preguntan por qué la policía pide el carné de identidad a algunas personas. Y es que a pesar de que generalmente se observa "in situ" la realización de este procedimiento, poco se sabe respecto de las facultades que posee la policía para realizar este tipo de actuaciones.
Pues bien, a modo de suscinta ilustración, es preciso dejar en claro que ninguna actuación policial puede ser antojadiza o responder al mero azar, sino que siempre debe sujetarse a las más estrictas exigencias que impone el Derecho.
Cuando un policía le solicita el carné de identidad u otro documento de identificación a una persona, obedece principalmente a la realización de un "Control de Identidad". Este procedimiento, establecido expresamente en el Código Procesal Penal, consiste en que los funcionarios policiales tienen el deber de solicitar la identificación de cualquier persona en casos fundados, en que, según las circunstancias, estimaren que existen indicios de que ella hubiere cometido o intentado cometer un crimen, simple delito o falta; de que se dispusiere a cometerlo; de que pudiere suministrar informaciones útiles para la indagación de un crimen, simple delito o falta; o en el caso de la persona que se encapuche o emboce para ocultar, dificultar o disimular su identidad.
Para efectuar este control, la ley ha establecido un procedimiento claro y respetuoso de los derechos y garantías ciudadanas, por lo que resulta importante destacar que para los efectos de lograr la identificación de una persona, los funcionarios tendrán que valerse de documentos de identificación expedidos por la autoridad pública, como cédula de identidad, licencia de conducir o pasaporte, otorgando las facilidades necesarias para encontrar y exhibir estos instrumentos. En este punto, es necesario destacar que también se faculta al personal policial que realiza un control de identidad, a revisar las vestimentas, equipaje o vehículo de la persona cuya identidad se controla, y cotejar la existencia de las órdenes de detención que pudiese tener.
Ahora bien, en caso de negativa de una persona a acreditar su identidad, o si habiendo recibido las facilidades del caso no le fuere posible hacerlo, la policía la conducirá a la unidad policial más cercana para fines de identificación. En dicha unidad se le darán facilidades para procurar una identificación satisfactoria por otros medios distintos de los ya mencionados, dejándola en libertad en caso de obtenerse dicho resultado, previo cotejo de la existencia de órdenes de detención que pudieren afectarle. Si no resultare posible acreditar su identidad, se le tomarán huellas digitales, las que sólo podrán ser usadas para fines de identificación y, cumplido dicho propósito, serán destruidas.Todas las personas que se vean sujetas a un control de identidad poseen una serie de derechos, por lo que en todos aquellos casos que requieren conducir a la unidad policial a la persona, el funcionario que practique el traslado, está obligado a informarle verbalmente de su derecho a que se comunique a su familia o a quien indique, de su permanencia en el cuartel policial. Asimismo, el afectado no podrá ser ingresado a celdas o calabozos, ni podrá tener contacto con personas que se encuentren detenidas.
Como bien puede apreciar el lector, tanto el control de identidad, que escuetamente acabamos de describir, como las demás actuaciones de la policía, se desarrollan siempre por un motivo racional y fundado, con estricto apego a la regulación legal, y sobre todo, con el máximo respeto a las garantías y derechos de los ciudadanos, característica que, sin lugar a dudas, es y debe ser siempre, el pilar fundamental que guíe el funcionamiento de las instituciones policiales de nuestro país en su objetivo de dar eficacia al derecho y procurar por el bien común.



*Publicado en el sitio web del diario "El Observador", a las 17:42 hrs. del día viernes 12 de abril de 2013.

01 septiembre, 2011

Quillota en la historia criminalística. El legado del detective René Vergara.

René Vergara es sin lugar a dudas uno de los mejores detectives de la historia de Chile, el pretérito Subprefecto, creador y primer jefe operativo de la Brigada de Homicidios Metropolitana, fue quizás el primer policía científico del país. Sin embargo, no sólo ese aspecto de su vida constituye ya un gran mérito, sino que por el contrario, existen una serie de facetas de su biografía  que son totalmente sorprendentes para la época de su desarrollo policial. En la década de los 60’ fue uno de los principales exponentes de la literatura policial en Chile, estudió periodismo, leyes y cursó un semestre en la policía metropolitana de Londres, más conocida como Scotland Yard, de la mano del médico criminalista Luis Sandoval Smart consolidó el método científico en la investigación del delito de homicidio en nuestro país, asesoró investigaciones criminales en contra de políticos latinoamericanos y con todo, no desperdició un día de su vida en  su más grande anhelo: descubrir y entender el origen del fenómeno delictual.

En esa búsqueda, René Vergara llegó a Quillota, capital de la Provincia del mismo nombre, en la V Región de Valparaíso, zona central de Chile. En su libro “Taxi para el insomnio” el año 1971, el detective describe uno de los casos más espeluznantes de su carrera: “El decapitado de Quillota”.

En este relato verídico, en forma de cuento, el autor divaga sobre la idiosincrasia de una ciudad tranquila, señalando que “… Quillota es un pueblo de viejos apacibles, de aquellos que anclaron en el menor esfuerzo para hacer más largo el existir y de los que buscan un lugar tranquilo para desventurarse (sic) y, niños sanos…//. De ahí la sorpresa de este sagaz policía al encontrar en dicho “pueblo” uno de los más horrendos crímenes que investigó en su carrera.

La parte central del relato inicia con un texto escalofriante: “Quillota vegetal, es naturalmente, antípoda al crimen. Sin embargo… Una cabeza de un hombre mal cortado, tumefacta, húmeda, con el ojo derecho cerrado y el párpado roto, rojinegra, ubicada sobre césped también húmedo, salpicado de rubíes en el medio de un manchón de claveles blancos del antejardín de la casa del dentista Maldonado, tenía paralizado el escaso tránsito de vehículos la mañana del segundo domingo de marzo de 1948 en calle Merced…”. ¿Quién era la víctima?, ¿quién lo asesinó?, ¿cómo?, ¿por qué? y ¿cuándo?, fueron algunas, de las muchas preguntas que el equipo investigador de la Brigada de Homicidios Metropolitana tuvo que intentar resolver.

En la pesquisa don René Vergara comenta al lector: “Todo oficio es acumulación de experiencias, hombres tratando de usar los mejores conocimientos para abreviar faenas. En policía criminal siempre hay urgencia mayor, porque se teme a la reincidencia. Un criminal suelto es peligro cierto. La lentitud con que se trabajan  los sitios del suceso es engañosa: no pasa de  ser toma de conciencia profesional y elección del camino a seguir”. Fue así, como luego de analizar el sitio del suceso, determinaron que la víctima de aquel macabro crimen era Luis Alberto Ogaz, jardinero de aquella casa, ya convertida en una lóbrega escena del crimen. Las indagaciones de los detectives fueron incesantes, de un modo lógico y totalmente objetivo fueron uniendo cabos, construyendo hipótesis y experimentado con la evidencia encontrada. Necesitaban rápidamente justificar su presencia en Quillota, habían sido requeridos como expertos y debían dar fe de aquello.

Y no decepcionaron, ni a la pequeña ciudad provinciana ni a sus superiores capitalinos, toda vez que luego de un breve periodo, lograron establecer que los gustos homosexuales del jardinero y su estadía solitaria en la casa de sus patrones, fueron tan sólo el inicio de una tétrica historia.

Luis Alberto Ogaz, aprovechando que el domicilio donde trabajaba se encontraba sin sus habituales moradores, salió a recorrer el centro de la comuna en busca de compañía sentimental, fue así que estableció una fugaz relación de amistad con un joven de apenas 22 años que deambulaba por el sector. Lo invitó a comer, bebieron y luego lo atrajo al inmueble de calle Merced. Una vez en el lugar, intentó seducir al joven muchacho, quien acorralado le confesó que sólo quería algo de dinero y comida, sin tener ninguna intención amorosa, pero el jardinero no conforme con aquella protesta, ya un tanto desesperada, lo amenazó sutilmente con sus conocimientos de artes marciales y luego lo tomó a la fuerza y ya entre sus brazos le dijo que quería “hacerlo su novia”, no obstante, fue en ese preciso instante que el lascivo sujeto cayó al piso iniciándose un mortal forcejeo entre ambos, culminando al momento que el muchacho logró asir una botella de vino, para a continuación golpear en la cabeza a su agresor.

El relato continúa y las palabras del policía alcanzan su tono más crudo, al señalar que luego de aquella pelea: “… lo golpeó en la cabeza. Con un cortaplumas lo hirió en el pecho, subió la mano al cuello y empezó a herir y cortar. Cambió el cortaplumas por un cuchillo de cocina y siguió empecinado en su tarea de improvisado carnicero enloquecido: lloraba y transpiraba, se ahogaba entre vómitos y nervios desatados. Hizo rodar, una y otra vez, la masa de sangre y carne y siguió cortando con frenesí: no quería verle la cara y lo puso boca abajo, hasta que por fin logró separar la cabeza del tronco...//.

Aquel muchacho - señala Vergara - no volvería a ir solo por ningún camino, ni siquiera rumbo al sueño ni en el sueño. Acostaría su tensión, la fatiga, el miedo, el horror… y hasta los recuerdos, pero siempre le sobraría una cabeza…







                                                                         René Vergara

24 agosto, 2011

¿Por qué la criminalística es una ciencia?



Existe consenso entre la comunidad de estudiosos de la criminalística, en afirmar que ésta es una ciencia auxiliar del derecho penal, cuyo objetivo es la verificación científica del delito, de sus autores y sus víctimas.

La definición antes señalada, nos debe llevar a preguntarnos por qué aseveramos con tanta seguridad que la criminalística es una “ciencia”.


Si la criminalística no fuera una ciencia, nos encontraríamos entonces con que ésta operaría desde el sentido común, pero, ¿es eso correcto?.

En el siguiente texto, trataremos de dar las razones básicas por las que los investigadores criminalísticos deben operar SIEMPRE desde una perspectiva científica y NUNCA desde el sentido común.

1.- En primer lugar, el investigador de un delito, para lograr su esclarecimiento, debe constituir hipótesis y teorías respecto del caso, las que en todo momento deben configurarse de manera sistemática, evaluando su consistencia, sometiendo siempre alguno de sus aspectos a una prueba empírica.

Desde el sentido común, el investigador ocuparía teorías y conceptos, sólo de forma vaga, aceptando a menudo, explicaciones fantásticas de los fenómenos humanos y naturales.

2.- Seguidamente, tenemos que el operar científico, permite a los investigadores, probar sus teorías respecto del caso, de forma sistemática y empírica y no como lo haría ocupando sólo el sentido común, es decir, seleccionando evidencias sólo desde su conveniencia o armonía con las hipótesis.

3.- La ciencia permite a la investigación del delito, controlar las posibles “causas” extrañas que expliquen la comisión del delito; el sentido común en cambio, no controla, no revisa sus explicaciones y sobre todo, no controla las fuentes extrañas de influencia que pueden llevar a equívocos teóricos.

4.- La criminalística es una ciencia porque relaciona los fenómenos de manera sistemática, consciente y ordenada. Si la criminalística se tiñera sólo un poco de sentido común, esas relaciones podrían emerger desde ideas relajadas y sin control reflexivo.

5.- Una de las más importantes causas a la hora de entender por qué la criminalística no opera desde el sentido común, sino que desde la ciencia, es el hecho que la investigación científica no permite explicaciones metafísicas de los hechos, es decir, sólo acepta fenómenos, relaciones y causas observables y probables.




22 agosto, 2011

El Blog Criminalístico

Luego de diversos recorridos por bibliotecas, tiendas de libros, colecciones privadas e incluso varias noches de actividad insomne; navegando por las más increíbles localidades virtuales a las que la web permite acceder, no han sido suficientes para encontrar un tejido compacto de información relativa a las ciencias que se ocupan de la investigación sistemática del fenómeno criminal.

No obstante, las ansias de encontrar un contenido uniforme, o tal vez algún esfuerzo colectivo por abarcar desde una perspectiva común las muchas disciplinas que de una u otra forma contribuyen en la persecución del crimen no han sido del todo felices.
La incertidumbre y complejidad inherentes al concepto delictual, sobre todo en lo relativo a su investigación y esclarecimiento, han logrado – y no pocas veces – distraer el trabajo consistente, la configuración de una línea investigativa meridiana y sobre todo, no han alcanzado certezas profundas que permitan aclarar delitos de una manera  eficiente y eficaz.

No es el afán de este blog, desconocer las múltiples contribuciones que a las ciencias criminalísticas han hecho connotados, científicos, abogados, médicos, historiadores, sociólogos, psicólogos, etc. Sin embargo, el sólo hecho de nombrar  todas estas profesiones, sin escuchar de forma pura, la voz “investigador criminalístico” es, tal vez, la notoria evidencia, de la falta de consolidación de la ciencia criminal.

Por lo antes señalado, entrego a la comunidad criminalística, mi más sincero esfuerzo por contribuir en esa anhelada tarea, la cual persigue, consolidar espacios e instancias de razonamiento, con el sueño de quizás algún día, convertir a la criminalística, en una "ciencia exacta".